Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Vamos, Grip, sé formal, y piensa que te encontrarás solo más tarde. Admitamos que un dÃa sientes deseos de casarte…
—¡Casarme!… ¡Yo!
—¡SÃ! Tú.
—¡Este desmadejado de Grip tener mujer… e hijos!
—Sin duda, como todo el mundo —respondió Bob con el tono de un hombre que posee una gran experiencia de la vida.
—¿Todo el mundo? —Ciertamente, Grip… y yo mismo.
—¡Pero veis lo que dice este mocoso!…
—Tiene razón —dijo Hormiguita.
—También tú… tú piensas…
—Tal vez me llegará…
—Bien. Éste no tiene trece años, y aquél no tiene nueve… y hablan de matrimonio…
—No se trata de nosotros, Grip; se trata de ti, que tendrás bien pronto veinticinco años.
—Reflexiona, chiquillo. ¡Casarme yo!… ¡Un fogonero… un hombre que está negro como un negro de Ãfrica, las dos terceras partes de su vida!
—¡Ah! ¡Bien! Grip tiene miedo a que sus hijos sean negritos —exclamó Bob.