Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés ¿Ella una criada? ¿Es que ni Kat ni Bob ni Hormiguita lo hubieran permitido?
—¿Quieres, pues, que me quede aqu� —dijo Sissy.
—¡SÃ, lo quiero!
—Pero por lo menos trabajaré para no ser una carga para ti.
—SÃ, Sissy.
—¿Y qué haré?
—Nada.
Y no decÃa más. Lo cierto fue que ocho dÃas después —y por su formal voluntad— Sissy estaba instalada tras el mostrador, después de haber sido puesta al corriente de las ventas. Y fue un atractivo más para la clientela, aquella graciosa joven que revivÃa ya por su nueva existencia, y dotada de tan simpática fisonomÃa como convenÃa a la dueña de Little boy and Co.