Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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Hormiguita y Kat acababan de entrar. Aquel diablo de Grip, muy malo decididamente, no quiso comprender la explicación que se le dio, hasta no devolverle los besos a la señorita. ¡Por San Patricio! ¡Qué encantadora y franca le pareció Sissy! Y como había traído de América un lindo neceser de viaje para hombre, con tirantes, navajas de afeitar y brocha para cuando a Hormiguita le hiciera falta, sostuvo que lo había comprado para ofrecérselo a Sissy, pues tenía el presentimiento de que la encontraría en el bazar de Little boy, y Sissy se vio obligada a aceptar el regalo, por lo que el verdadero destinatario no se mostró ofendido.

El primer fogonero estaba en su puesto.

¡Qué buenos días se pasaron en la tienda de Bedfort-Street! Cuando su obligación no le retenía a bordo, Grip no desamarraba de allí, siguiendo una de sus expresiones. Indudablemente, él tenía en «Los pequeños bolsillos» una atracción cuya influencia se dejaba sentir hasta en los docks, y que le retenía cerca de Sissy después de haberle atraído.

¿Qué queréis? Es difícil resistir a esas leyes de la naturaleza. Hormiguita no había dejado de notarlo.

—¿No es verdad que mi hermana mayor es gentil? —le dijo un día a Grip.


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