Aventuras de un niño irlandés

Aventuras de un niño irlandés

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No se crea que Grip pensó guardarlo para sí. No. Sólo pensó en Hormiguita. «Estará como un carnero bajo su lana», pensó. Pero el carnero no quiso que Grip se despojase del traje en beneficio suyo. Hubo discusión, y las cosas pudieron arreglarse a gusto de ambos. En efecto, el gentleman era grueso y su traje hubiese dado dos vueltas al cuerpo de Grip; el gentleman era alto y su traje podía envolver a Hormiguita de la cabeza a los pies. Así pues, no era imposible utilizar el traje para los dos amigos.

Pedir a la vieja borracha de Kriss que hiciera la obra, sería como pedirle que renunciara a su pipa. Así pues, encerrándose en el desván, Grip puso manos a la obra, concentrando en ella toda su inteligencia. Después de tomar medida al niño, trabajó con tal acierto, que le confeccionó un buen traje de lana. En cuanto a él, se hizo un chaleco, sin mangas, cierto, Pero un chaleco ya es algo.

Claro es que recomendó a Hormiguita que ocultase el traje bajo sus harapos a fin de que los otros no lo vieran. Era mejor que dejárselo a éstos, que lo hubieran hecho pedazos. Si el niño apreció el excelente calor de aquel traje en los grandes fríos del invierno, por sabido se calla.


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