Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —Grip —preguntole—, ¿es de uno una botella que se encuentra?
—No; creo que no —respondió Grip—. ¿Pero es que tú has encontrado una botella?
—SÃ… TenÃa la intención de dártela y mañana hubiéramos podido enterarnos en el barrio…
—¿De quién era su dueño?…
—SÃ… Tal vez buscando…
—¿Y te han cogido la botella?
—SÃ, Carker. He pretendido impedirlo… y entonces los otros… ¡Si tú bajases, Grip!…
—Voy a bajar y veremos de quién es la botella…
Pero cuando Grip quiso salir, no pudo. La puerta estaba cerrada por fuera: y aunque la sacudió vigorosamente, resistió, con gran alegrÃa de la banda que gritaba desde abajo:
—¡Eh… Grip!…
—¡Eh… Hormiguita!…
—¡A vuestra salud!…
No pudiendo Grip forzar la puerta, se resignó, siguiendo su costumbre, y procuró calmar a su encolerizado compañero.
—Bueno —dijo—; dejemos a esos bestias.
—¡Ah…! ¡No ser más fuerte!…
—¿De qué servirÃa? Toma esas patatas que te he guardado; come.