Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés —¡No tengo hambre, Grip!
—Come y después, a dormir en la paja.
Era lo mejor después de una comida tan mezquina.
Carker habÃa cerrado la puerta para que Grip no les impidiera beber la botella de ginebra. Kriss no se opondrÃa, siempre que se le reservase su parte.
El lÃquido circuló en las tazas. ¡Qué gritos! ¡Qué tumulto! No era necesario mucho para que aquellos bribones se embriagasen, sobre todo Carker, que tenÃa el vicio del beodo.
No tardó en suceder asÃ. Apenas mediada la botella, la innoble banda estaba borracha. El tumulto no bastó para sacar a mister O’Bodkins de su acostumbrada indiferencia. ¿Qué le importaba lo que sucedÃa abajo estando él arriba ante sus libros? La trompeta del juicio final no hubiera podido distraerle. Sin embargo, pronto iba a ser sacado de su despacho, no sin menoscabo de su contabilidad.