Aventuras de un niño irlandés
Aventuras de un niño irlandés Convengamos en que nuestro héroe no comprendÃa nada de todo esto. Él dejaba hacer: no tenÃa costumbre de recibir abrazos, y se le abrazaba, ni besos, y se le besaba; ni a los buenos trajes, y estaba bien vestido; ni andar con zapatos, y le pusieron botinas nuevas; ni a peinarse, y sus cabellos fueron dispuestos en bucles; ni al buen alimento, y se le alimenta regiamente.

Amigos y amigas de la actriz acudieron a su departamento en George Royal Hotel. ¡Cuántas enhorabuenas recibió y con qué gracia las aceptaba! RepetÃase la historia de la Ragged-School. Se exageraba el incendio, y después de veinte minutos de relato, se extrañaba que el fuego no hubiese devorado la ciudad de Galway entera; se podÃa comparar con él famoso que destruyó una gran parte de la capital del Reino Unido.
Se comprende que el niño no era olvidado en estas visitas.
Un dÃa preguntó el niño:
—¿Dónde está Grip?
—¿Quién es Grip, mi niño? —respondió Miss Anna Waston.