Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Al perro —dijo Plever.
—SĂ, al perro, y no tardará en pagármelas todas juntas.
—Tanto más —replicó Clifton, volviendo a su tema favorito— cuanto que el tal perro es la causa de nuestras desventuras.
—Él es quien nos ha echado un sortilegio —dijo Plever.
—Él es quien nos ha traĂdo a los bancos —respondiĂł Gripper.
—Él es quien en nuestro camino —replicĂł Wolsten— ha amontonado hielos como nunca se habĂan visto en esta Ă©poca del año.
—Él me ha puesto los ojos malos —dijo Brunton.
—Él ha suprimido el gin y el brandy —replicó Pen.
—¡Él es la causa de todo! —gritó la asamblea, cuya imaginación se iba exaltando.
—Sin contar —replicó Clifton— con que él es el capitán.
—¡Pues bien, capitán del demonio —exclamĂł Pen, que aumentaba su furor con sus propias palabras—, tĂş has querido venir aquĂ, y aquĂ te quedarás!
—¿Pero cómo nos desharemos de él? —dijo Plever.