Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Señor Wall —dijo Hatteras—, haced preparar la lancha y enviadla con seis hombres para transportar el carbón a bordo.
—Está bien, capitán —respondió Wall.
—Yo me voy a tierra en el bote con el doctor y el contramaestre. Señor Shandon, ¿queréis acompañarme?
—Estoy a vuestras órdenes —respondió Shandon.
Algunos instantes después, el doctor, provisto de sus aparejos de cazador y de sabio, tomaba asiento en el bote con sus compañeros, y diez minutos después desembarcaban los cuatro en una costa bastante baja y peñascosa.
—Guiadnos, Johnson —dijo Hatteras—. ¿Reconocéis el sitio?
—Perfectamente, capitán, sólo que hay aquà un monumento que no esperaba encontrar en esta isla.
—¡Un monumento! —exclamó el doctor—. Ya sé lo que es; acerquémonos, ésta piedra nos va a decir ella misma lo que ha venido a hacer aquÃ.

Los cuatro avanzaron, y el doctor dijo, descubriéndose:
—Éste, amigos mÃos, es un monumento erigido a la memoria de Franklin y de sus compañeros.