Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Nosotros no queremos sacrificamos por el capricho de semejante hombre —añadió Pen.
—¡Ni perder las primas que tan bien ganadas tenemos!
Por esta observación se reconoce a Clifton.
—¡Cuando hayamos pasado los 78° —añadió—, y no estamos lejos de ellos, tendremos ganadas 375 libras por barba, seis veces 8 grados!
—Pero —respondió Gripper—, ¿no las perderemos si nos volvemos sin el capitán?
—No —respondió Clifton—, cuando se pruebe que el regreso era indispensable.
—Pero el capitán…, sin embargo…
—Estad tranquilo, Gripper —respondió Pen—, tendremos un capitán, y muy bueno, a quien el señor Shandon conoce. Cuando un comandante se vuelve loco, se le echa y se nombra otro. ¿No es verdad, señor Shandon?
—Amigos mÃos —respondió Shandon evasivamente—, en mà encontraréis siempre un corazón abierto. Pero aguardemos los acontecimientos.