Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Pues bien, busque cada cual por su lado —respondió el doctor—, de manera que recorramos todo el radio de la explosión; debemos empezar por el centro y luego ensanchar gradualmente los cÃrculos que describamos.
Los dos compañeros se trasladaron inmediatamente al lecho de hielo que habÃa ocupado el Forward, y a la luz dudosa de la Luna examinaron con cuidado los restos del buque. Aquello fue una verdadera caza a la que el doctor se entregó con la pasión y casi con el placer de un cazador, palpitándole el corazón con fuerza cuando descubrÃa alguna caja casi intacta. Desgraciadamente, estaban en su mayor parte vacÃas y sus restos diseminados por el campo de hielo.
La violencia de la explosión habÃa sido considerable. Muchos objetos no eran más que polvo y ceniza. Las grandes piezas de la máquina yacÃan distantes unas de otras, retorcidas y fracturadas; las paletas de la hélice, rotas, arrojadas a veinte toesas del buque, penetraban profundamente en la nieve endurecida; los cilindros estaban doblados, y habÃan sido arrancados de sus quicios; la chimenea, hendida de arriba abajo y de la que colgaban aún algunos trozos de cadena, aparecÃa medio aplastada bajo un enorme témpano; los clavos, los escarpias, la armazón de hierro del gobernalle, las planchas del forro, todo el metal del bergantÃn estaba esparcido a lo lejos como una verdadera metralla.