Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Añadiré, Hatteras —dijo—, que no debemos perder un instante; carguemos cuanto antes el trineo con nuevas provisiones, y llevémonos toda la leña posible. Convengo en que un camino de 600 millas en las condiciones en que nos hallamos es largo, pero no impracticable. Podemos, o, por mejor decir, debemos recorrer diariamente veinte millas, lo que en un mes nos permitirÃa llegar a la costa, es decir, hasta el 26 de marzo.
—Pero —dijo Hatteras— ¿no podemos aguardar algunos dÃas?
—¿Qué esperáis? —respondió Johnson.
—¡Qué sé yo! ¿Quién puede prever el porvenir? ¡Algunos dÃas más! ¡Los suficientes para reparar nuestras fuerzas agotadas! ¡Apenas habréis andado dos jornadas, caeréis rendidos de cansancio sin una casa de nieve en que acogeros!
—¡Pero una muerte horrible nos aguarda aquÃ! —exclamó Bell.