Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras empezó con el número uno. Al llegar al quince, Altamont le indicó que no siguiese adelante.
—¡Bueno! —dijo Hatteras—. Pasemos a la latitud. ¿Me entendéis? ¿Ochenta? ¿Ochenta y uno? ¿Ochenta y dos? ¿Ochenta y tres…?
El americano le detuvo con un gesto.
—¡Bien! ¿Y los minutos? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte? ¿Veinticinco? ¿Treinta? ¿Treinta y cinco…?
Nueva señal de Altamont, el cual se sonrió ligeramente.
—AsÃ, pues —repuso Hatteras con voz grave—, el Porpoise se encuentra a los 120° y 15′ de longitud y 83° 35′ de latitud.
—¡SÃ…! —indicó el americano, cayendo sin movimiento en brazos del doctor.
Aquel esfuerzo le habÃa quebrantado.
—Amigos mÃos —exclamó Hatteras—, ya veis que la salvación está en el Norte, siempre el Norte. ¡Nos salvaremos!
Pero después de estas primeras palabras de alegrÃa, Hatteras se sintió súbitamente asaltado por una idea terrible. Se alteró su fisonomÃa, y sintió que le mordÃa el corazón el áspid de la envidia.
¡Otro, un americano, habÃa llegado tres grados más allá que él en el camino del Polo! ¿Por qué? ¿Con qué objeto?