Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —El oso que nos sigue —respondió Johnson.
—¿El oso que nos sigue? —repitió el doctor.
—¡SÃ, de dos dÃas a esta parte!
—¡De dos dÃas a esta parte! ¿Lo habéis visto?
—SÃ, está a una milla a sotavento.
—¿Y no me habéis prevenido, Johnson?
—¿De qué hubiera servido?
—DecÃs bien —contestó el doctor—; no tenemos ni una bala para darle un susto.
—¡Ni siquiera un pedazo de hierro, un clavo cualquiera! —respondió el viejo marino.
El doctor calló y empezó a reflexionar. Luego dijo al contramaestre:
—¿Estáis seguro de que el animal nos sigue?
—¡SÃ, señor Clawbonny, cuenta con un banquete de carne humana! ¡Sabe que no podemos escaparnos!
—¿Qué estáis diciendo? —exclamó el doctor, conmovido por el acento desesperado de su compañero.
—¡Está seguro de saciar en nosotros su hambre! —replicó el desgraciado, que estaba casi delirando—. Está hambriento, y no sé por qué le hacemos esperar tanto.
—¡Johnson, calmaos!