Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —SÃ; sólo que yo preferirÃa hielo de agua dulce a hielo de agua salada. El de agua dulce es más transparente y más duro.
—Pero, si no me engaño —dijo Johnson, indicando un hummock a cosa de cien pasos—, aquel témpano de aspecto casi negruzco y aquel color verde, indican…
—Tenéis razón; venid, amigos; tomad, Johnson, vuestra hacha.
Los tres se dirigieron hacia el témpano indicado, el cual se hallaba, efectivamente, formado de hielo de agua dulce.
El doctor hizo saltar un pedazo que tendrÃa un pie de diámetro, y empezó a tallarlo groseramente con el hacha; después, con un cuchillo volvió más igual su superficie, y por fin lo pulimentó poco a poco con la mano, obteniendo muy pronto una lente tan transparente como si hubiese sido del mejor cristal.
Volvió a entrar entonces en la casa de nieve, donde cogió un pedazo de yesca, y empezó su experimento.
El sol brillaba entonces con un resplandor bastante vivo, y el doctor expuso su lente de hielo a los rayos, que se concentraron en la yesca.

Ésta estuvo encendida a los pocos segundos.
—¡Hurra! ¡Hurra! —exclamó Johnson, que no podÃa dar crédito a sus ojos—. ¡Ah, señor Clawbonny! ¡Señor Clawbonny!