Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Hatteras no habÃa tomado aún parte en la conversación. Reflexionaba. Sin embargo, notando que se fijaban en él las miradas de sus compañeros, se levantó y dijo:
—Salvo mejor parecer, y nadie aquà me contradecirá, yo opino —en aquel momento Hatteras miraba a Altamont— que debemos dar a nuestra habitación el nombre de su hábil arquitecto, el mejor de los aquà presentes, y llamarla «Casa del Doctor».
—Perfectamente —respondió Bell.
—Perfectamente —repitió Johnson—. ¡«Casa del Doctor»!
—Es lo mejor que puede hacerse —respondió Altamont—. ¡Hurra por el doctor Clawbonny!
Se echó un triple hurra de común acuerdo, y también Duck ladró, sin duda en señal de aprobación.
—AsÃ, pues —repuso Hatteras—, que esta casa sea asà llamada en tanto que una tierra nueva nos permita distinguirla con el nombre de nuestro amigo.
—¡Ah! —Exclamó el viejo Johnson—. ¡Si el paraÃso terrestre no tuviese aún nombre, el de Clawbonny le sentarÃa a las mil maravillas!