Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Johnson tiró vigorosamente de la cuerda, y derribó la estaca; después se precipitó a la aspillera y atisbo.
La superficie de la escarpa se había derrumbado.
El cuerpo de la zorra aparecía encima de los témpanos de hielo. Los osos, sorprendidos en un principio, no tardaron en precipitarse en grupo hacia aquella nueva presa.

—¡Fuego! —gritó Johnson.
El doctor estableció inmediatamente entre sus hilos la corriente eléctrica; se produjo una explosión formidable; la estancia vaciló como en un terremoto; las paredes se hundieron. Hatteras, Altamont y Bell se precipitaron fuera del polvorín, dispuestos a hacer fuego.
Pero sus armas fueron inútiles. De los cinco osos, cuatro, envueltos en la explosión, cayeron despedazados, mutilados, carbonizados, en tanto que el otro, medio chamuscado, huía precipitadamente.
—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra! —Exclamaron los compañeros de Clawbonny, mientras éste les iba abrazando a todos sonriéndose.
