Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Durante estos nuevos ocios, el doctor resolvió tener con el capitán una conversación importante. Tratábase de hacer desistir a Halteras de su propósito de emprender de nuevo el camino del Norte sin proveerse de una lancha, de un bote cualquiera, de un madero, dé algo, en fin, con que cruzar los brazos de mar o los estrechos. El capitán, tan absoluto en sus ideas, se habÃa formalmente pronunciado contra el uso de una embarcación construida con los restos aprovechables del buque americano.
El doctor no sabÃa cómo entrar en materia y, sin embargo, importaba mucho que la cuestión se resolviese muy pronto, porque en el mes de junio llegaba la época de las grandes excursiones. En fin, después de haber reflexionado mucho tiempo, llamó un dÃa a Hatteras aparte y, con su caracterÃstica bondad, le dijo:
—Hatteras, ¿creéis que soy vuestro amigo?
—Sin duda —respondió el capitán al momento—, el mejor y tal vez el único.
—Si os doy un consejo —repuso el doctor—, un consejo que no me pedÃs, ¿lo juzgaréis desinteresado?
—SÃ, porque sé que el interés personal no ha sido jamás vuestro móvil, pero ¿dónde queréis ir a parar con vuestras preguntas?