Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Duck corría a lo lejos, y no tardó en ventear un rebaño de toros almizclados, y luego, tomando la delantera con suma rapidez, no tardó en desaparecer a la vista de los cazadores.
Éstos se guiaron por sus ladridos, claros y distintos, cuya precipitación les hizo comprender que el leal perro había, al fin, descubierto el objeto de sus afanes.
Siguieron adelante, y, después de una hora y media de marcha, se hallaron en presencia de dos animales bastante corpulentos y de un aspecto verdaderamente imponente. Aquellos singulares cuadrúpedos estaban, al parecer, asombrados de los ataques de Duck, pero no los temían. Parecían una especie de musgo sonrosado que aterciopelaba la tierra desprovista de nieve. El doctor les reconoció fácilmente por su mediana talla, por sus cuernos muy aplastados y soldados en la base, por su falta de hocico; por la conformación de su testuz, parecido al del carnero, y por su cola muy corta. Por el conjunto de su estructura, los naturalistas llaman al toro almizclado «ovibos» palabra compuesta que recuerda las dos naturalezas de animales de que participan.
Forman su pelaje una borra espesa y larga y una especie de seda de color oscuro.
Al ver a los cazadores, los animales huyeron, y aquéllos corrieron tras ellos con toda la ligereza de sus piernas.