Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡El objetivo! —exclamó.
Se comprende la revelación súbita que se hacÃa en su mente. Dio un grito bastante fuerte para que sus compañeros le oyesen, y la curiosidad de éstos fue grande viéndole bajar de la colina a toda prisa.
—¿Qué sucede? —preguntó Johnson.
El doctor, sofocado, no pudo en un principio pronunciar una palabra; pero al fin dejó oÃr las siguientes:
—Las huellas… Los pasos… El destacamento…
—¿Y qué? —preguntó Hatteras—. ¿Extranjeros aqu�
—¡No…! ¡No…! —respondió el doctor—. El objetivo… Mi objetivo…
Y mostraba su incompleto anteojo.
—¡Ah! —exclamó el americano—. ¿Habéis perdido…?
—¡SÃ!
—AsÃ, pues, aquellas huellas…
—¡Eran las nuestras, amigos, las nuestras! —exclamó el doctor—. ¡Nos hemos extraviado en la niebla, describimos un cÃrculo y tropezamos con nuestros propios pasos!
—¿Pero aquella impresión de zapatos? —dijo Hatteras.