Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Pero, reflexionando, se veía forzosamente inducido a creer en la existencia de un continente boreal. En los primeros días del mundo, después del enfriamiento de la costra terrestre, las aguas, formadas por la condensación de los vapores atmosféricos, debieron de obedecer a la fuerza centrífuga, lanzarse hacia las zonas ecuatoriales y abandonar las extremidades inmóviles del Globo, de lo que se debe deducir la emersión necesaria de las comarcas contiguas al Polo. El doctor encontraba muy justo este razonamiento.
A Hatteras le parecía lo mismo.
Así es que sus miradas se afanaban en taladrar las brumas del horizonte. No dejaba ni un momento el anteojo. Buscaba en el color de las aguas, en la forma de las olas, en el soplo del viento, los indicios de una tierra próxima. Su frente se inclinaba hacia delante, y cualquiera, aunque no hubiera conocido sus pensamientos, le hubiera admirado por los enérgicos deseos y ansiosas interrogaciones que su actitud revelaba.