Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Una especie de humo se elevaba sensiblemente encima del mar.
—¡La veo! ¡La veo! —exclamó el doctor.
—Sí, es verdad, sí —balbució Johnson.
—Es una nube —dijo Altamont.
—¡Tierra! ¡Tierra! —respondió Hatteras con una convicción inquebrantable.
Los cinco navegantes examinaron con la mayor atención.

Pero, como sucede con frecuencia con los objetos que la distancia vuelve imprecisos, parecía que el punto observado había desaparecido. En fin, las miradas se apoderaron de él nuevamente, y el doctor hasta creyó sorprender un resplandor rápido a veinte o veinticinco millas hacia el Norte.
—¡Es un volcán! —exclamó.
—¿Un volcán? —preguntó Altamont.
—Sin duda.
—¿En una latitud tan elevada?
—¿Por qué no? —repuso el doctor—. ¿No es acaso Islandia una tierra volcánica y hasta pudiéramos decir formada de volcanes?
—¡Sí! Islandia —repuso el americano—. ¿Pero tan cerca del Polo?