Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras La embarcación apenas se movía, no llegando el viento a hinchar su vela desplegada. A lo lejos, hacia el Oeste, algunos témpanos inmóviles reflejaban los rayos luminosos y formaban manchas incandescentes en pleno océano.
Hatteras empezó a soñar. Su raudo pensamiento recorrió toda su existencia. Remontó el camino de su vida con aquella velocidad propia de los sueños, que ningún sabio ha podido aún calcular; rememoró sus días pasados; volvió a ver su invernada, la bahía Victoria, el «Fuerte Providencia» la «Casa del Doctor», el encuentro del americano sepultado en el hielo.
Entonces retrocedió más lejos aún en el pasado. Soñó con su buque, con el Forward incendiado, con sus compañeros, con los traidores que lo habían abandonado. ¿Qué sería de ellos? Pensó en Shandon, en Wall, en el brutal Pen. ¿Dónde estaban? ¿Habían podido ganar el mar de Baffin atravesando los hielos?
Después su imaginación de soñador se cernió aún más arriba y se encontró a su salida de Inglaterra, y se refirió a sus viajes anteriores, a sus tentativas abortadas, a sus desgracias. Entonces olvidó su situación presente, su próximo triunfo, sus esperanzas medio realizadas. Su sueño le arrojó desde la alegría a la angustia.