Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El doctor se aseguró del estado de Hatteras. El capitán no estaba herido gravemente. El viento lo habÃa arrojado a la costa, cuyo abordaje era muy peligroso. El intrépido marino, varias veces echado mar adentro, consiguió al fin, a fuerza de energÃa, asirse a una roca, y pudo izarse encima de las olas.
Allà perdió el conocimiento, después de haberse envuelto en la bandera de Inglaterra, y volvió en sà entre las caricias de Duck y sus tristes aullidos.
Después de los primeros cuidados, Hatteras pudo levantarse, y apoyado en el brazo del doctor, tomó el camino del ancón en que estaba la falúa.
—¡El Polo! ¡El Polo Norte! —RepetÃa andando.
—¿Sois feliz? —Le decÃa el doctor.
—¡SÃ, feliz! Y vos, amigo mÃo, ¿no sois feliz también? ¿No os llena de alegrÃa el encontraros aquÃ? ¡Esta tierra que pisamos es la tierra del Polo! ¡Este mar que hemos atravesado es el mar del Polo Norte! ¡Este aire que respiramos es el aire del Polo! ¡Oh! ¡El Polo Norte, el Polo Norte!