Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡No, una leona! ¡Ah! ¡Maldito animal! Aguarda -dijo el cazador, volviendo a cargar con presteza su carabina.
Un instante después hacÃa fuego, pero el animal habÃa desaparecido.
-¡Adelante! -exclamó Kennedy.
-No, señor Dick, no. La leona está viva; si la hubiese matado, su cuerpo habrÃa rodado hasta aquÃ. ¡Está a acecho, preparada para saltar sobre el primero que vea aparecer, y ése está perdido!
-¿Qué hacer, pues? ¡Es preciso salir! ¡Samuel nos está esperando!
-Atraigamos al animal; coja mi escopeta y déme su carabina.
-¿Cuál es tu plan?
-Ahora lo verá.
Joe se quitó la chaqueta que llevaba, la puso en el extremo del arma y se la presentó como cebo a la leona, asomándola por la abertura. La fiera se arrojó con furor contra aquel objeto, y Kennedy, que la aguardaba muy preparado, le metió un balazo en el cuerpo. La leona rodó por la escalera, rugiendo, y derribó a Joe. Éste creÃa ya sentir en su cuerpo las enormes garras del animal, cuando se oyó un segundo disparo y el doctor Fergusson apareció en la abertura, con una escopeta todavÃa humeante en la mano.