Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Diez minutos después, la bandada se había puesto a tiro. Los catorce individuos de que se componía lanzaban roncos graznidos y avanzaban hacia el Victoria más irritados que asustados por su presencia.
-¡Cómo gritan! -dijo Joe-. ¡Qué escándalo! Al parecer no les hace gracia que alguien invada sus dominios y se ponga a volar como ellos.
-La verdad es -dijo el cazador- que su aspecto es imponente, y me parecerían bastante temibles si fuesen armados con una carabina Purdey Moore.
-No la necesitan -respondió Fergusson, cuyo semblante empezaba a nublarse.
Los quebrantahuesos volaban trazando inmensos círculos, que iban estrechándose alrededor del Victoria. Cruzaban el cielo con una rapidez fantástica, precipitándose algunas veces con la velocidad de un proyectil y rompiendo su línea de proyección mediante un brusco y audaz giro.
El doctor, inquieto, resolvió elevarse en la atmósfera para escapar de aquel peligroso vecindario y dilató el hidrógeno del globo, el cual subió al momento.
Pero los quebrantahuesos subieron con él, poco dispuestos a abandonarlo.
-Tienen trazas de querer armar camorra -dijo el cazador, amartillando su carabina.