Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo En efecto, los pájaros se acercaban, y algunos de ellos parecĂan desafiar las armas de Kennedy.
-¡Qué ganas tengo de hacer fuego! -dijo éste.
-¡No, Dick, no! ¡No los provoquemos! ¡Nos atacarĂan!
-¡Buena cuenta darĂa yo de ellos!
-Te equivocas, Dick.
-Tenemos una bala para cada uno.
-Y si se colocan encima del globo, ÂżcĂłmo les dispararás? ImagĂnate que te encuentras en tierra frente a una manada de leones, o rodeado de tiburones en pleno ocĂ©ano. Pues bien, para un aeronauta, la situaciĂłn no es menos peligrosa.
-ÂżHablas en serio, Samuel?
-Muy en serio, Dick.
-Entonces, esperemos.
-Aguarda… Estáte preparado por si nos atacan, pero no hagas fuego hasta que yo te lo diga.
Los pájaros se agruparon a poca distancia, de suerte que se distinguĂan perfectamente su cuello pelado, que estiraban para gritar, y su cresta cartilaginosa, salpicada de papilas violáceas, que se erguĂa con furor. Su cuerpo tenĂa más de tres pies de longitud, y la parte inferior de sus blancas alas resplandecĂa al sol. HubiĂ©rase dicho que eran tiburones alados, con los cuales presentaban un fantástico parecido.