Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Nos siguen! -dijo el doctor, viéndolos elevarse con él-. ¡Y por más que subamos, subirán tanto como nosotros!
-¿Qué hacer, pues? -preguntó Kennedy. El doctor no respondió-. Atiende, Samuel -prosiguió el cazador-; haciendo fuego con todas nuestras armas, tenemos a nuestra disposición diecisiete tiros contra catorce enemigos. ¿Crees que no podremos matarlos o dispersarlos? Yo me encargo de unos cuantos.
-No pongo en duda tu destreza, Dick, y doy por muertos a los que pasen por delante de tu carabina; pero, te lo repito, si atacan el hemisferio superior del globo, se pondrán a cubierto de tus disparos y romperán el envoltorio que nos sostiene. ¡Nos hallamos a tres mil pies de altura!
En aquel mismo momento, uno de los pájaros más feroces se dirigió al globo con el pico y las garras abiertos, en actitud de morder y desgarrar a un tiempo.
-¡Fuego, fuego! -gritó el doctor.
Y el pájaro, mortalmente herido, cayó dando vueltas en el espacio.
Kennedy cogió una escopeta de dos cañones y Joe amartilló otra.