De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Veinte —dijo Nicholl.
Los viajeros se miraron unos a otros por algunos instantes. Después se pusieron a examinar los objetos encerrados con ellos.
—Todo está en su sitio —dijo Barbicane—; ahora hay que pensar cómo nos colocaremos para sufrir mejor el primer choque. La posición que adoptemos es cosa de gran importancia, pues es necesario evitar en lo posible el que nos afluya la sangre a la cabeza.
—Es verdad —confirmó Nicholl.
—Entonces —dijo. Miguel Ardán, disponiĂ©ndose a hacer lo que decĂa pongámonos cabeza abajo, como los payasos.
—No —repuso Barbicane—, vale más que nos tendamos de lado, asà es como mejor resistiremos el choque; debéis tener presente que en el momento de partir el proyectil, el hallarnos dentro de él viene a ser poco más o menos lo mismo que si estuviéramos situados delante.
—El “poco más o menos” es lo que me tranquiliza.
—¿Aprobáis mi idea, Nicholl? —preguntó Barbicane.
—Enteramente —respondiĂł el capitán—, todavĂa faltan trece minutos y medio.
—Nicholl no es hombre —dijo Miguel—, es un cronómetro de segundos, con escape y ocho centros sobre...