De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Al cabo de unos cuantos dÃas era posible que cayeran asfixiados en aquel proyectil errante a la ventura. Pero aquellos pocos dÃas eran dignos para hombres tan intrépidos como ellos, que consagraban todos sus instantes a observar la Luna, ya que no esperaban llegar a ella. La distancia que a la sazón separaba al proyectil del satélite fue calculada en doscientas leguas aproximadamente. En estas condiciones no eran, sin embargo, los detalles de la Luna tan visibles para ellos como lo son para los habitantes de la Tierra provistos de telescopios potentes.
En efecto, el instrumento montado por John Rosse en Parsonton, y que aumentaba el tamaño de los objetos seis mil quinientas veces, acerca la Luna a la distancia de dieciséis leguas; además, con el potente aparato establecido en Longs' Park el astro de la noche, aumentado hasta cuarenta y ocho mil veces, se acercaba hasta menos de dos leguas, pudiéndose distinguir perfectamente los objetos de diez metros de diámetro.