De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna al espacio el termómetro, al cual se habÃa atado una cuerda corta con el fin de poderlo retirar rápidamente. La lumbrera estuvo abierta a lo sumo un segundo, y, sin embargo, bastó para que penetrara en el proyectil un frÃo violento.
—¡Demonio! —exclamó Miguel Ardán—. Hace un frÃo capaz de helar a los osos blancos.
Barbicane aguardó a que posara una media hora, tiempo más que suficiente para que el instrumento pudiera descender hasta la temperatura del espacio. Luego retiraron el termómetro tan rápidamente como lo habÃan sacado.
Barbicane calculó la cantidad de mercurio pasada a la ampollita soldada a la parte inferior del instrumento.