De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Evidentemente —respondió uno de los oficiales—; pero lo que sobre todo debe interesarnos es saber qué ha sido de los viajeros y qué han visto. Además, si el experimento ha tenido buen éxito, lo que no dudo, volverá a hacerse otro. El columbia sigue empotrado en el suelo de la Florida. Con un proyectil, y pólvora, y siempre que la Luna pase por el cenit, se le podrá mandar un cargamento de viajeros.
—Es indudable —contestó el teniente Bronsfield— que J. T. Maston irá un dÃa de éstos a reunirse con sus amigos.
—Pues si quiere —exclamó el joven guardia— estoy dispuesto a acompañarle.
—¡Oh, no faltarán aficionados! —replicó Bronsfield—. Y como se abra la mano, bien pronto habrá emigrado a la Luna la mitad de los habitantes de la Tierra. Esta conversación de los oficiales de la Susquehanna se prolongó poco más o menos hasta la una de la mañana. Imposible serÃa describir todos los sistemas, todas las teorÃas emitidas por aquellas atrevidas inteligencias. ParecÃa que nada era imposible para los americanos, desde la tentativa de Barbicane. Hasta tenÃan el propósito de enviar a las playas selenitas, no ya una comisión de sabios solamente, sino toda una colonia y un ejército con infanterÃa, caballerÃa y artillerÃa, para conquistar el mundo lunar.