De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna A la una de la mañana aún no habían concluido la extracción de la sonda. Todavía faltaban 10,000 pies, y había trabajo para unas cuantas horas. Los fuegos se hallaban encendidos, según la orden del comandante, y la caldera estaba en presión, pudiendo partir la Susquehanna en aquel mismo momento.
En aquel instante (era la una y diecisiete minutos de la mañana) y cuando el teniente Bronsfield se disponía a entrar en su camarote, le llamó la atención un silbido lejano y repentino. Al principio creyeron sus compañeros que el silbido era causado por un escape de vapor; pero al levantar la cabeza, observaron que el ruido se oía en las capas más lejanas del aire. Aún no habían tenido tiempo de dirigirse una pregunta, cuando el silbido adquirió una intensidad espantosa, y de repente apareció ante sus ojos deslumbrados un bólido enorme, inflamado por la rapidez de la carrera y por el frotamiento con las capas atmosféricas.