De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Sà —repetÃa sin cesar J. T. Maston, cuya confianza animaba a todo el mundo—, nuestros amigos son hombres de talento, y no pueden haber caÃdo como tontos. Están vivos y muy vivos; y, por lo tanto, hay que darse prisa, para encontrarlos en este estado. ¡No se preocupen por los vÃveres ni por el agua; porque de ambas cosas llevan para mucho tiempo! ¡Pero el aire, el aire! ¡Eso es lo que va a faltarles, y por lo tanto hay que apresurarse!
Y se apresuraron, en efecto. La Susquehanna se aprestaba para su nuevo destino. Se dispusieron sus máquinas para maniobrar con las cadenas del tiro. El proyectil de aluminio no pesaba más de 19,230 libras, peso mucho menos que el del cable trasatlántico, que fue levantado del mismo modo. La única dificultad era la forma cilindro-cónica del proyectil, que le hacÃa difÃcil de sujetar.