De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —Pero ¿dónde están? ¿Dónde están? —exclamaba J. T. Maston. Y el infeliz llamaba a gritos a Nicholl, Barbicane y. Miguel Ardán; ¡como si sus pobres amigos pudieran oÃrle, y menos responderle, a través de aquel medio impenetrable!
Asà continuaron las investigaciones, hasta el momento en que el aire viciado obligó a los buzos a subir. Esta operación duró desde las seis hasta las doce de la noche.
—Hasta mañana —dijo J. T. Maston, al poner el pie en la cubierta de la corbeta.
—Sà —respondió el capitán Blomsberry.
—Y en otro sitio.
—SÃ.