El Archipiélago en llamas
El Archipiélago en llamas Sólo el azar habÃa llevado al comandante de la Syphanta a la plaza del mercado. Ignoraba incluso que, aquel dÃa —es decir, veinticuatro horas después de su llegada a Escarpanto—, hubiese una venta de esclavos en la capital de la isla. Por otra parte, puesto que no habÃa visto la sacoleva en el fondeadero, tenÃa que estar tan sorprendido de encontrar a Nicolás Starkos en Arkassa como éste lo estaba de verlo a él.
Nicolás Starkos, además, ignoraba que la corbeta estuviese comandada por Henry d’Albaret, aunque sabÃa que habÃa recalado en Arkassa.
Júzguense, pues, los sentimientos que debieron de apoderarse de estos dos enemigos cuando se vieron cara a cara.
Y, si Henry d’Albaret habÃa lanzado aquella licitación inesperada, era porque entre los prisioneros del batistan acababa de ver a Hadjine Elizundo y a Xaris. ¡A Hadjine, que iba a caer de nuevo en poder de Nicolás Starkos! Hadjine lo habÃa oÃdo, lo habÃa visto y se habrÃa precipitado hacia él, si los guardianes no se lo hubiesen impedido.