El Chancellor
El Chancellor Sin embargo, la tripulación continúa trabajando bajo las amenazas de Roberto Kurtis, y de buena o mala gana luchan con energía; pero todos se encuentran rendidos de cansancio, sin que puedan agotar el agua que se renueva sin cesar y cuyo nivel sube de hora en hora. Los que trabajan con los cubos vense obligados también a dejar la bodega, donde ya estaban con el agua a la cintura y donde corren el peligro de morir ahogados, y suben al puente.
Sólo queda un recurso, y, al día siguiente después de conferenciar el teniente, el contramaestre y el capitán Kurtis, se resuelve abandonar el buque, y, como la ballenera, única embarcación que nos queda, no puede llevarnos a todos, se va a construir inmediatamente una balsa. La tripulación continuará trabajando en las bombas hasta que llegue el momento de embarcar.
El carpintero Daoulas está prevenido, y con las vergas de repuesto y los maderos de respeto que van a bordo, precisamente serrados y arreglados a las medidas necesarias, se procederá en seguida a la construcción de la balsa.
El mar, relativamente tranquilo ahora, facilitará la operación, siempre difícil aun en las circunstancias más favorables.