El Chancellor
El Chancellor NUEVO APARATO FLOTANTE. — DE VEINTIOCHO QUEDAN DIECIOCHO. — ESCASEZ DE PROVISIONES. — SIN VESTIDOS
Continuación del 7 de diciembre.
BOGAMOS con nuestro nuevo artilugio flotante. No puede hundirse suceda lo que suceda porque las piezas de madera que lo componen flotan sobre el mar. ¿Pero el mar no desensamblara esta balsa? ¿No romperá las cuerdas que la atan? ¿No perecerán al fin los náufragos que están amontonados en ella?
De las veintiocho personas que contaba El Chancellor a la salida de Charleston, diez ya han desaparecido.
Somos pues todavía dieciocho, dieciocho sobre esta balsa que forma una especie de cuadrilátero irregular, midiendo cerca de cuarenta pies de longitud por veinte de anchura.
He aquí los nombres de los supervivientes del Chancellor: Los Letourneur, el ingeniero Falsten, la señorita Herbey y yo, como pasajeros; —el capitán Robert Kurtis, el teniente Walter, el contramaestre, el mayordomo Hobbart, el cocinero negro Jynxtrop, el carpintero Daoulas—; los siete marineros Austin, Owen, Wilson, O’Ready, Burke, Sandon y Flaypol.
¿Ya nos ha probado suficiente La Providencia desde hace setenta y dos días que dejamos la costa americana, cesara en fin su mano poderosa de pesar sobre nosotros? El más optimista no se atrevería a esperarlo.