El Chancellor

El Chancellor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

La prudencia exige pues que desde ahora consumamos sólo lo estrictamente necesario. El capitán Kurtis nos pide consejo a este respecto, y formulamos con severidad el programa de alimentación a seguir. Las raciones son calculadas para todos ellos, indistintamente, de modo que el hambre y la sed sean satisfechos a medias. La maniobrabilidad de la balsa no exige un gran gasto de esfuerzo físico. Una alimentación limitada debe bastar para todos. En cuanto al aguardiente, cuyo barril contiene sólo cinco galones[2], será distribuido sólo con extrema precaución y ninguno tendrá derecho a tocarlo sin la autorización del capitán.

El régimen de a bordo queda pues ajustado de este modo: cinco onzas de carne y cinco onzas de bizcocho al día por persona. Es poco, pero la ración no podrá ser mayor, porque dieciocho bocas, en estas proporciones, absorberán un poco más de cinco libras de cada cosa, es decir, en tres meses, seiscientas libras. Entonces, totalmente comprendido, poseemos no más de seiscientas libras de carne y de bizcocho. Hay que fijarse pues en esta cifra. En cuanto al agua, su cantidad puede ser estimada en ciento treinta y dos galones[3], y convengo que el consumo diario sea racionado para cada persona a una pinta[4], lo que asegurará también tres meses de agua para todos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker