El Chancellor
El Chancellor La distribución de los vÃveres la efectuará el contramaestre cada mañana, a las diez horas. Cada uno recibirá para el dÃa su ración de bizcocho y de carne: la consumirá cuando y como le convenga. En cuanto al agua, por falta de utensilios suficientes para recogerla, ya que tenemos sólo el hervidor y la taza del irlandés, será distribuida dos veces al dÃa, a las diez de la mañana y a las seis de la tarde: cada uno deberá beberla inmediatamente.
Hay que observar también que tenemos otras posibilidades que pueden aumentar nuestras reservas: la lluvia, que nos darÃa el agua, y la pesca, que nos proporcionarÃa peces. Por eso preparamos dos barricas vacÃas que están dispuestas para recibir el agua de lluvia. En cuanto a las artes de pesca, los marineros se ocupan de prepararlas, con el fin de poner algunas lÃneas de arrastre provistas de anzuelos.
Tales son las disposiciones tomadas. Han sido aprobadas y serán rigurosamente mantenidas. Solamente observando una regla tan severa podemos esperar escapar de los horrores del hambre. ¡Demasiados ejemplos nos enseñan a ser previsores, y si estamos abocados a las últimas privaciones, no será por culpa nuestra si no porque la suerte nos habrá abandonado!
