El Chancellor
El Chancellor Verdaderamente es una pesca milagrosa, y, este dÃa, se dirÃa que hay fiesta a bordo. De estos peces, unos los tostamos, otros los cocimos en agua de mar, sobre un fuego de madera encendido en la proa de la balsa. ¡Qué delicia! Lo que hemos ahorrado sobre nuestros alimentos. Tanto abundan estos sargos, que en dos dÃas, hemos cogido cerca de doscientas libras de peces. Si ahora lloviese no podrÃa irnos mejor.
Por desgracia, esta banda de peces no permanece mucho tiempo en nuestras aguas. El dÃa 17, algunos grandes tiburones —que pertenecen a la especie monstruosa de las lijas atigradas, y que son de cuatro a cinco metros de longitud— aparecen en la superficie del mar. Tienen las aletas y la parte superior del cuerpo negros, con manchas y bandas transversales de color blanco. La presencia de estos escualos horribles es siempre inquietante. A consecuencia de la poca elevación de la balsa, casi estamos al mismo nivel que ellos, y muchas veces sus colas pegan con nuestras tablas con una violencia espantosa. Sin embargo, los marineros han podido alejarlos a golpes con maderos. Me admirarÃa si no nos siguen obstinadamente como una presa reservada para ellos. Con estos monstruos no tengo muy buenos presentimientos.
