El Chancellor
El Chancellor Uno de los marineros que perecieron durante la tempestad es Austin, un joven hombre de veintiocho años de edad, buen sujeto, activo y animoso. ¡El segundo, es el viejo irlandés O’Ready, superviviente de tantos naufragios!
¡No quedamos más que dieciséis sobre la balsa, es decir que cerca de la mitad de los que se embarcaron a bordo del Chancellor ya han desaparecido!
¿Y ahora, qué vÃveres nos restan?
Robert Kurtis procede a hacer un balance exacto de las provisiones. En qué consisten, y cuánto tiempo durarán.
El agua por ahora no faltará, porque todavÃa quedan en el fondo de la barrica quebrantada cerca de catorce galones[7], y la segunda barrica esta intacta. Pero el barril que contenÃa la carne seca y en el que guardábamos los peces que habÃamos pescado, nos lo ha robado el mar, y de esta reserva no queda absolutamente nada. En cuanto al bizcocho, Roberto Kurtis calcula en más de sesenta libras las que han podido ser salvadas de las garras del mar.
Sesenta libras de bizcocho para dieciséis personas, esto apenas nos da alimento para ocho dÃas a un poco menos de media libra por cabeza y dÃa.