El Chancellor
El Chancellor Robert Kurtis nos hizo saber toda la situación. Le escuchamos en silencio. Silenciosos también pasamos este dÃa 22 de diciembre, concentrados cada uno en si mismos, pero evidentemente, los mismos pensamientos nacÃan en el espÃritu de todos. Parece que nos miramos de modos diferentes y que todos entrevemos el espectro del hambre. Hasta ahora, no nos hemos privado todavÃa de comer y beber. ¡Pero, ahora, la ración de agua va a ser drásticamente reducida, en cuanto a la de bizcocho…!
En cierta ocasión, me acerco al grupo de los marineros, tumbados en proa, y oigo a Flaypol decir en tono irónico:
—Los que deben morir harÃan bien apresurándose.
—¡Es verdad, responde Owen! ¡Por lo menos, dejarÃan su parte a otros!
Asà pasamos el dÃa tristes y abatidos. Cada uno recibió su media libra de bizcocho reglamentario. Unos lo devoraron inmediatamente con cierta especie de rabia, otros prudentemente la reservaron. Me parece que el ingeniero Falsten divide su ración en tantas partes como comidas suele hace habitualmente al dÃa.
Si alguno ha de sobrevivir, será Falsten.