El Chancellor
El Chancellor El marinero Flaypol grita entonces también y me vuelvo para mirarlo.
Se encuentra de pie, subido en uno de los aleros del mástil y señalando con la mano al Este un punto del horizonte:
—¡Buque! —Exclama.
Todos nos ponemos en pie y la balsa queda en el silencio más absoluto. Owen, reprimiendo sus gritos, se levanta como los demás.
En efecto, en la dirección indicada por Flaypol, se distingue un punto blanco. ¿Pero se mueve aquel punto? ¿Es una vela? ¿Qué opinan los marineros cuya vista es tan penetrante?
Roberto Kurtis, con los brazos cruzados, examina el punto blanco. Todas las partes de su rostro se hinchan a consecuencia de la contracción de la orbicular, sus cejas se fruncen, y sus ojos están medio cerrados, poniendo en la mirada todo el poder de visión de que es capaz.
Si el punto blanco que se distingue en la lejanÃa es una vela, no se equivocará.
Pero, de pronto, mueve la cabeza y deja caer los brazos.
Miro. El punto blanco ha desaparecido. No es un buque, es un reflejo cualquiera, una cresta de una ola que ha subido más que las otras, o, si es un buque, se ha alejado.