El Chancellor
El Chancellor Lo miro; ¿por qué el agua que es de lluvia no ha de ser potable? Roberto Kurtis exprime en la taza de hojalata un poco del agua que contienen los pliegues de una vela, la prueba, y con gran sorpresa mía la arroja en seguida.
La pruebo a mi vez y la encuentro tan salada, como si fuera agua de mar.
Es que las velas, expuestas desde largo tiempo a la acción de las olas, han comunicado al agua que acaban de recoger un sabor extremadamente salado. Es una desgracia irreparable; pero, esto no obstante, tenemos confianza; además, quedan algunos cuartillos potables en la barrica, y, por último, como ha llovido una vez, puede llover otras.