El Chancellor
El Chancellor —¡Continúe usted! —Exclama con un rugido el carpintero Daoulas, cuyo nombre queda solo en el sombrero con el del señor Letourneur.
Daoulas mira a su rival como una vÃctima que desea devorar; por su parte, el señor Letourneur está casi risueño. Mete la mano en el sombrero, saca la papeleta, la desdobla con lentitud, y sin que su voz se debilite, con una firmeza que jamás habrÃa esperado yo en aquel hombre pronuncia este nombre:
—¡Daoulas!
El carpintero se ha salvado y de su pecho se escapa un rugido.
Luego el señor Letourneur toma la última papeleta, y sin desdoblarla la rompe; pero un pedazo de papel rasgado vuela hacia un rincón de la balsa, me arrastro hacia aquel lado, recojo el papel y en un extremo leo: And…
El señor Letourneur se precipita hacia mÃ, me arranca violentamente de las manos el pedazo de papel, lo retuerce entre los dedos, y, después, mirándome con gravedad lo arroja al mar.