El Chancellor
El Chancellor —Amigos mÃos, ¿queréis esperar un dÃa más? ¿Nada más que un dÃa? Si mañana no se descubre tierra, si no encontramos ningún buque, nuestro pobre compañero os será entregado.
Al oÃr estas palabras, se estremece mi corazón. Me parece que la joven ha hablado con acento profético, y que es una inspiración del cielo la que anima su noble entendimiento. Recobro por completo la esperanza; la señorita Herbey quizás ha entrevisto la tierra o el buque en una de las visiones sobrenaturales que Dios muestra a las almas escogidas. SÃ, debemos esperar un dÃa más, ¿qué es un dÃa después de cuanto hemos padecido?
Roberto Kurtis opina como yo, y unimos nuestras súplicas a las de la señorita Herbey; Falsten habla en el mismo sentido. Suplicamos a nuestros compañeros, al contramaestre, a Daoulas, a los demás.
Los marineros se detienen sin murmurar; el contramaestre arroja su hacha, y después, con voz sorda, dice:
—Lo aplazaremos hasta mañana al amanecer.
Estas palabras lo expresan todo. Si mañana no hay tierra ni buque a la vista, se consumará el horrible sacrificio.
Cada cual vuelve a su sitio, esforzándose por comprimir sus dolores. Los marineros se ocultan bajo las velas, sin tratar siquiera de observar el mar, que ya les importa poco, porque están seguros de comer mañana.