El Chancellor
El Chancellor Andrés Letourneur ha recobrado el conocimiento y su primera mirada es para su padre. Después cuenta los pasajeros de la balsa… no falta ninguno. ¿A quién ha designado la suerte? Cuando Andrés se ha desmayado sólo quedaban dos nombres en el sombrero, el del carpintero y el de su padre, y sin embargo el señor Letourneur y Daoulas están allí.
La señorita Herbey se acerca entonces, y le dice sencillamente que no se ha concluido la operación de echar suertes.
Andrés Letourneur no pregunta más; estrecha la mano de su padre, que se muestra tranquilo y casi risueño, y únicamente ve y comprende que su hijo se ha salvado. Estos dos seres tan estrechamente unidos uno a otro, se sientan a popa y hablan en voz baja.
No he vuelto todavía de la impresión que me ha producido la intervención de la joven, y creo firmemente en un socorro providencial, cuya idea se ha arraigado en mi cerebro. Me atrevería a afirmar que tocamos al término de nuestras desgracias, y si estuvieran el buque o la tierra a pocas millas a sotavento, no estaría más seguro que ahora lo estoy de nuestra salvación. No hay que admirarse de esto, porque mi cerebro está tan vacío, que las quimeras se convierten en él en realidades.
Hablo de mis presentimientos a los Letourneur, y Andrés confía como yo. ¡Infeliz muchacho! Si supiera que mañana…