El Chancellor
El Chancellor El padre me escucha gravemente y me anima a tener paciencia, creyendo que Dios perdonará a los sobrevivientes del Chancellor, prodigando a su hijo caricias que en su concepto son las últimas.
Después, cuando estoy solo a su lado, el señor Letourneur se inclina a mi oído y dice:
—Le recomiendo a usted a mi desgraciado hijo. Que no sepa jamás que…
La voz se apaga en su garganta y gruesas lágrimas caen de sus ojos.
A mí me anima una gran esperanza.
Así, contemplo sin cesar el horizonte y lo recorro en todo su perímetro; pero lo veo desierto, a pesar de lo cual no me alarmo. Antes de que amanezca aparecerá tierra o barco.
Roberto Kurtis observa, como yo, el mar, y la señorita Herbey, Falsten y el contramaestre concentran toda su vida en sus miradas.
Llega la noche; pero estoy profundamente convencido de que algún buque se aproxima en esta oscuridad profunda, y que verá la señal que le hagamos cuando amanezca el día.