El Chancellor
El Chancellor Sin embargo, el incendio progresa incesantemente, y quizá con mayor rapidez que la que suponemos. Poco a poco el calor se ha ido haciendo tan fuerte, que los pasajeros han tenido necesidad de refugiarse sobre el puente, y los camarotes de popa, iluminados por las ventanas del espejo, son los únicos que pueden ser ocupados. El señor Kear no sale del uno, y el otro lo ha puesto Roberto Kurtis a disposición del negociante Ruby.
He ido varias veces a visitar a este desdichado que ha perdido por completo el juicio y a quien es preciso tener atado para evitar que rompa la puerta de su camarote. Cosa singular: ha conservado en su locura un sentimiento de terror, y no cesa de lanzar horribles gritos, como si, bajo la influencia de un fenómeno fisiológico, sintiera verdaderas quemaduras.
También he ido varias veces a visitar al excapitán, que se encuentra muy tranquilo y habla razonablemente, excepto en lo que se refiere a su oficio de marino. Respecto a este punto, todo cuanto dice no tiene sentido común. Le ofrezco mis servicios porque sufre realmente, pero no quiere aceptarlos y no sale tampoco de su camarote.